Jax

1
Rupert se mecía en su silla como todas las tardes de domingos desde hacía 30 años. Pero este no era un domingo más, ella ya no estaba. 
Bebió un trago de la botella de Jack Daniel´s -a la cual solo le quedaba una tercera parte- y la aparto pero sin soltarla del cuello. 
Miro su mano izquierda, con la cual sostenía un Colt 1851 Navy, una reliquia que había heredado de su padre, y su padre de su abuelo. -A pesar de tener mas de 150 años aun funciona como cuando mataba indios- decía su padre; -vaya si funcionaba- pensó Rupert, - con este mismo te volaste la tapa del cráneo- dijo en voz alta aunque arrastrando un poco las palabras y tocándose la huesuda cien con la punta del Colt. 

Dio otro sorbo largo a la botella y sintió como el líquido pasaba por su garganta sin quemarla, ya no sentía nada, Emma ya no estaba. 

El viento soplaba suavemente, tirando las hojas del nogal y meciendo las ultimas que se aferraban a la vida. 
Había sido una larga lucha contra esa maldita enfermedad, sintió día a día el lento camino hacia el olvido, sintió día a día como se desvanecía de la mente de su esposa. 
"Hice lo único que se me ocurrió para ayudarte"- Dijo y bebió otro sorbo mirando la Colt. 

2
Se puso de pie tambaleando un poco, sin soltar la botella ni el arma, empujo la puerta y entro a la cocina, se quedó mirando casi como si pudiera ver a Emma cocinando para él, haciendo ese pastel que tanto amaba y que solo ella sabía prepararlo así. 
Recordó el momento en que ella le había dicho que tenía un retraso de 1 mes, recordó el abrazo cálido en el cual se hundieron al instante y el apasionado sexo que tuvieron luego.

Se dio la vuelta con una pequeña lagrima en el ojo, paso frente al salón y las imágenes de un baño de sangre se le clavaron como puñales en la cabeza, se vio agarrando la mano de Emma mientras un mar de sangre oscura y coagulosa salía de la entrepierna de su mujer;  -"Aborto espontaneo" dijo el médico restando importancia, luego añadió: "Podrán intentarlo nuevamente en un par de meses..."
Solo que ya no querían intentarlo, las horas se volvieron días y los días se hicieron oscuros, la relación se volvió monótona, Emma ya no quería que Rupert la viera desnuda, ni mucho menos que la toque. Se volvió una persona inestable, casi intolerable, luego de varios intentos fallidos de suicidio el Alzheimer ataco, y poco a poco se fue olvidando el motivo por el cual quería quitarse la vida. Una enfermedad maldita, que rara vez aparece en personas jóvenes, pero como Rupert había llegado a pensar en alguna ocasión, fue un regalo del cielo. 

Subió las escaleras, ya no podía contener las lágrimas, bebió otro largo sorbo de la botella, camino hacia la izquierda, empujo la puerta y miro la cama, la cama donde tantas veces había hecho el amor con su mujer, pero de eso hacía ya mucho tiempo, demasiado tiempo. 
3
Levanto la botella y miro su contenido a través de la poca luz que entraba por la ventana de la habitación, le costó distinguirlo, dio un último sorbo y la dejo caer con un golpe seco pero amortiguado contra la alfombra. 

Se acostó en su lugar en la cama, junto al de su esposa, el silencio ocupaba toda la habitación, tomo el arma con la mano derecha y se puso el cañón contra la Cien, tomo la mano de su amada Emma, tiro con dificultad el martillo de la Colt hacia atrás. 

Jax -el perro de la familia Wiliams- se despertó con un sonido estridente que resonó en su cucha, hecho las orejas hacia atrás y emitió un aullido casi inaudible. 


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